Solo después de haber viajado por el mundo entero casi tanto como por la vida misma, se puede entender como tratar a los demás.

Judit y Diego son la  hospitalidad con todos sus componentes: generosidad, atención  personalizada , es como estar en casa de unos amigos a los que aprecias por muchas cosas, y uno sin pretenderlo se encuentra entablando conversación de cómo va pasando la vida misma para todos e incluso, de cómo ha ido pasando, que también en ocasiones es importante para tomar perspectiva del presente.

Diego con una sensibilidad especial de gran anfitrión conocedor de todo lo que significa el vino, los conoce de los lugares más recónditos del planeta pero siempre recala en Priorat , gracias Diego y ¡bienvenido al club! Nos recomendó un vino, el Son Blanc 2006  Chardonnay del lugar espléndido y pudimos probar un vino mallorquín el 4 kilos en formato magnum para nosotros uno de los mejores catado de la isla. Mantiene constantemente  un finísimo sentido del humor , se le nota feliz y enamorado del lugar a pesar de los letreros de los establecimientos que en ocasiones  se  encuentra cerrados y con una frase que dice: “estoy en la playa”.

Judit es sencillamente encantadora mujer emprendedora con una cabeza de lo mejor amueblada que hemos visto en tiempo ,en su dia ejecutiva de una empresa multinacional decidió que la calidad de vida era otra cosa (le debió pasar como a un comic de Schultz , que siempre era de noche cuando iba o volvía del trabajo…) Excelente cocinera, nos preparó platos como : la coca de trampó típica de la isla, los caracoles a la mallorquina, coca de verduras, escaldums (pollo en salsa)  decididamente si que existe el paraiso.

L’estada es un hotel con la única pretensión de dar un alojamiento cálido, confortable, en una casa rehabilitada para tal fin en el pueblo de Esporles, rehabilitación llevada a cabo por Judit y Diego personalmente y lo más fielmente posible al lugar, con lo que el encanto de la estancia es aún mayor.

Las actividades principales de senderismo y cicloturismo todo el año, hacen que converjan en L’estada personas con una forma de entender la vida un tanto peculiar, aunque también buscan el descanso en el mismo aquellas  que vienen de distintos lugares del mundo.  estas buscan la calma y algo singular, lejos del ambiente playero del sur de la isla.

Las cenas empiezan con un lucero que apenas asoma por una de las palmeras del cuidado jardín y nos señalaba la hora del descanso como las agujas del maldito reloj que controla el tiempo rutinario,hasta en eso han  sido unas perfectas  vacaciones.   

C. Armengol




 
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