Alguien me dijo que era la Rolls Royce del Priorat… y ciertamente no andaba muy desencaminada, aunque particularmente yo, más bien la identifico con la insignia de los Rolls,la famosa estatua llamada “espíritu del extásis”.Así es como quedas cuando visionas desde la proa de la bodega (que es en realidad una sala de catas) el Priorat en toda su magnitud, .Sergi ha creado un espacio dónde uno se siente inmerso en el propio paisaje de forma diferente, envuelto en él, rodeado por todas partes de los componentes que más tarde se reflejaran en el vino, es sin lugar a dudas un privilegio. Sobriedad significa, en este caso, darle importancia al exterior, desde el propio espacio habitado.

Se sitúa en el término municipal de la población de Porrera, la bodega más alta de todo el Priorat. Llevar a cabo un proyecto tanto de viticultura como de arquitectura y paisaje, poniendo énfasis en que algo tiene que cambiar para que todo siga igual es cuanto menos complicado y a fe que lo están consiguiendo. Algo cambia, si; la arquitectura, los accesos a la bodega, hasta las cajas de recogida de vendimia parecen sacadas de una publicación de alto diseño, pero todo, absolutamente todo, tiene su porqué, nada está dejado al azar. Todas las instalaciones conservan una austeridad basada en una filosofía dónde menos es más, pensada por el apasionado del vino para disfrutar desde el principio, o sea elaborándolo; cada depósito con su capacidad medida, nada escapa al proceso de un trabajo que es pasión desde la génesis del pensamiento y ya todos sabemos que la pasión mueve el mundo y Sergi Ferrer se mueve en el mundo del vino, capaz de tener un espacio en Barcelona MONVINIC dónde existen más de cuatro mil referencias de todos los puntos del planeta, atestiguan su grandes pasiones: la vinícola y la gastronómica, a pesar de su juventud que no es incompatible con tener las ideas bien claras y llevarlas a término.

Me llamó poderosamente la atención un ventanal horizontal, entre la nave de recepción de la uva y los laboratorios, desde el mismo, quedan a nuestra vista los montes silueteados, que rodean a la bodega y conforman una vista única, una vez más, el paisaje se muestra de forma espectacular, es sin duda el savoire faire de Sergi que sabe perfectamente lo que quiere y como lo quiere, de manera que ha contado con grandes profesionales para llevar a cabo el proyecto pero en cada centímetro del mismo está su alma.

Y hablemos del vino: catamos un Ferrer - Bobet 2006 con el perfil propio del Priorat, fiel reflejo de la Tierra, entrada en boca denso , yo diría que hasta alimenticio ,el mineral está presente sin epatar a los demás componentes organolépticos, fruta madura ,muy bien ensamblados con preponderancia de aromas balsámicos, sedoso, muy elegante. Y pasamos al Selección, es lo más plus, no se puede pedir más y aquí es dónde volviendo a la frase de que algo tiene que cambiar para que todo siga igual, es dónde me ratifico en que si cambió el proyecto del vino con Ferrer I Bobet ha sido solo el continente, pues el contenido que es el propio vino, sigue siendo fiel a lo ancestral.

Buen equipo en bodega con Raul Bobet e Isabel haciendo el vino pensando en transmitir el alma del Priorat en la arquitectura de esos vinos hechos desde la pasión y también por qué no decirlo, desde la investigación.

Algunos piensan que es un vino de capricho y lo es, cierto lo es, el cielo puede esperar.

Carmen Armengol

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