¿Cuál sería la mejor forma de catar un vino…? Existen variedad de fórmulas, la más extendida pasa por catar en una sala con un  ambiente aséptico, con una luz adecuada, temperatura óptima, sentados, hay una persona que nos va indicando las propiedades del vino … esto es lo que vendría, más o menos a ser una cata profesional en toda regla, pero en Mallorca Francesc Grimalt ha desmontado esas teorías llevándonos a pié de cepa, se nota que es una persona enamorada de la Tierra, no solo de la suya que lo está, sino del sustrato de la propia tierra y piensa que la mejor forma que tiene de mostrar su vino, es desde el propio viñedo, discípulo aventajado de Bourguignon (no sin razón, aparece en la imagen de la bodega, junto con su socio Sergi enterrados hasta la cintura en esa misma Tierra) por lo que constatamos que no es una pose, es su propia filosofía de trabajo como buen “terroiriste” ¡si señor!.

Ya no sirven los parámetros que se utilizan en las catas al uso, la luz es la que hay en esos momentos, y suele ser mucho más esplendorosa, porque cualquier iluminación por adecuada que sea, no se puede igualar a la de la propia Naturaleza y si esta se encuentra en el propio viñedo, no hay discusión posible; Grimalt se dispone a guiarnos por varias parcelas que expresaran todo lo que significan 4 kilos y 12 voltios, provisto de una mesa que va disponiendo allá dónde vamos y una copa adecuada para cada uno de nosotros, con todo el cortejo florístico a la la vista no puede haber mayor simbiosis.

Nos sitúa en una parcela con la variedad de manto negro y más tarde en la de callet y fogoneu variedades autóctonas baleares y que Francesc va recuperando con mimo, nos ofrece la cata de esas mismas variedades desde la barricas para catarlas en el mismo lugar dónde han crecido y nos guía para que sintamos la emoción de todo lo que envuelve al vino, su propio paisaje, ya de por si espectacular, la brisa que hace que apreciemos quizás  un poco menos el aroma, pero que sin discusión nos acerca a su comprensión por la propia expresión del entorno.

Habla  con una pasión única por su trabajo que al final terminan siendo la misma cosa, y se siente tan orgulloso del entorno de Felanitx su Tierra, que al transmitirlo, hace que el vino lleve el valor añadido de la pasión, cuestión esta difícil de conseguir en otros vinos, por mucho marketing  y porqué no, por muy buenos que estos sean.

Los vinos de 4 kilos vinícola, son vinos con alma, con esa vocación de contener para expresar, la energía de los elementos y con una filosofía de recuperación de lo tradicional en su máximo exponente.

A la primera vuelta para orear el vino en copa, nos hemos dado cuenta que el propio paisaje gira desde el interior de la misma entorno al vino, es una experiencia sensorial irrepetible, gracias Francesc pues a partir de ahora Mallorca para VINOSPE es otra historia mucho más interesante.

Carmen Armengol

 

 



 
 
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